martes, 5 de junio de 2018

Boletín sobre la I Ruta "Villar de Flores al Castro de Irueña" editado por La Facendera

En la ruta realizada el día 20 de mayo de 2018 organizada conjuntamente con La Facendera, se entregó a los participantes este boletín, en el que se hace un relato ambientado en las épocas de los lugares que recorrimos.

martes, 20 de marzo de 2018

La ciudad de Irueña

Soneto publicado en La Iberia, semanario de Ciudad Rodrigo, el 8 de marzo de 1913.

La ciudad de Irueña

He visitado la ciudad de Irueña,
y con pesar he visto que en sus ruinas
no anidan las oscuras golondrinas
ni sus reales fija la cigüeña.

Un arroyo a sus plantas se despeña,
la cabeza levanta entre colinas,
y en su recinto, bajo las ruinas.
hay un marrano convertido en peña.

Sobre unos muros llenos de rendijas,
donde toman el sol las lagartijas,
hartos de carne pósanse los grajos.

Y entre las ruinas, con los excrementos
de los caballos y de los jumentos,
hacen pelotas los escarabajos.


                                          M.G.

lunes, 12 de marzo de 2018

La princesa de Irueña

Publicado el 23 de noviembre de 1918 en La Iberia (Semanario Independiente de Ciudad Rodrigo)


La princesa de Irueña
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(Tradición de Guinaldo)

Para JOAQUÍN APARICIO 

domingo, 11 de marzo de 2018

Irueña


Diciembre.
El aliento congelado de un grupo de hombres blanquea el aire de la mañana como la escarcha la hierba del camino. Las pieles ceñidas resguardan a duras penas los cuerpos. Adornos de cueros, huesos, cuernos y hierros. Los pies doloridos. Las manos encallecidas. Los músculos tensos. Voces nerviosas dirigen los animales que tironean de una gran piedra. Es poca la distancia al poblado dónde los miembros esperan la llegada del grupo. A diez días de camino, el esfuerzo de hombres y animales se ve compensado. El gran animal visionado por el consejo ya casi ha llegado a la colina. Su grandeza enorgullece los corazones guerreros de la comitiva. Ancianos y sabios ancestros murmuran como las ramas de los grandes árboles aguardando la llegada. Los pájaros y las risas de las hojas doradas que perduran en los robles anuncian que el gran momento ha llegado.

Un círculo de hogueras marca el espacio, su centro será ocupado por los dioses. Alrededor las mujeres comparten secretos y anhelos, sonrisas nerviosas, e inquietudes esperanzadas. El duro trabajo ha concluido. Los niños se acercan, observan la escena y corretean a lo largo de la colina llevando noticias de un extremo a otro. Poco a poco todos se van acercando hasta la gran puerta, algunos con la dificultad de los fríos pasados, otros con la ligereza de la juventud. Acompaña la certeza de que ahora ya nada podrá poner en peligro su hogar, la alegría de recibir las fuerzas de la tierra y el cielo en casa.

El empuje de los animales y el tesón de los hombres trasladan la imagen al centro del gran círculo. El humo de tomillo se concentra en ese espacio envuelto en el viento.

Mujeres ancianas visitadoras de la gran madre y hombres sabios del consejo se acercan. El silencio repentino indica el inicio de un ritual íntimo, sagrado, vinculado a la celebración de la vida, al nacimiento, a los partos. Bienvenida y agradecimiento a los grandes espíritus. Aquellos que vigilan y protegen la vida y aquellos que custodian la muerte. Largas horas de oraciones, murmullos, cantos, ofrendas. Purificación. Sanación. Alegría sincera. Corazones de lobos que fueron lobos otras veces.

El brillo escarchado de las hojas caídas se transforma en gotas plateadas, las hogueras huelen ahora a carnes especiadas. El sonido de la música y los cantos alegres convocan movimientos ágiles de cuerpos imparables, miradas sonrientes, danzas de memorias en pieles curtidas. Sentido pleno de estar vivos, celebración de vida y sanación.

Septiembre.
Mabon. El brillo dorado del amanecer acompaña los ritos sagrados. La diosa es ya una anciana que dio generosos frutos de vida. En su interior un frágil latido la prepara para ser joven de nuevo después de su muerte y descanso. El día avanza. Los ritos también. Poco a poco el sonido de la fiesta va inundando el silencio de la mañana, las almas y los cuerpos. La noche se acerca y la celebración continúa. Voces sonoras que ríen, cuentan e inventan palabras al calor de los licores y el fuego. Pies que danzan alegres. Pies que danzan ebrios. Manos que agarran, empujan y acarician con fuerza. Celebración de vida. Corazones de lobos que fueron lobos otras veces.

Corazones de lobo que fueron lobos otras veces. Derrotarlos. Someterlos.

Acecha una traición oscura. Los generales romanos se conducen con sigilo. Asaltan la alegría. Asesinan, incendian, violentan, dan muerte, compran con monedas de poder la escoria que habita en la colina. Los viejos espíritus que adormecían en su alegría son empujados, desplazados y rotos. La diosa queda partida en su sorpresa dolorida de corazón de lobo que fue lobo otras veces.


Relato de Montserrat Jiménez Retortillo, restauradora de la "Yegua".